Origen
Un oficio que se transmitía de maestro a aprendiz
Durante décadas, aprender a reparar calzado no requería una escuela. Bastaba con pasar horas dentro de una zapatería de barrio, observando cómo el maestro cambiaba una suela o ajustaba un tacón mientras esperaba clientela. Ese aprendizaje casi silencioso fue perdiendo espacio a medida que el calzado se volvió más barato de sustituir que de reparar.
Hoy quedan pocos talleres dispuestos a enseñar el proceso completo a alguien ajeno al oficio. La mayoría de zapateros en activo trabajan solos y no tienen tiempo, ni siempre interés, en formar a nadie más. Harneli nace de esa carencia concreta, no de una idea abstracta sobre oficios en peligro.
Quién coordina el taller
Veinte años reparando calzado antes de dedicarse a enseñarlo
El taller lo coordina Miren Etxeberria, zapatera formada en un taller familiar de Errenteria antes de trabajar de forma independiente en distintos puntos de Gipuzkoa. Tras años reparando calzado para clientela particular y para pequeñas marcas locales, decidió dedicar parte de su tiempo a formar a otras personas en las técnicas que había aprendido de manera informal.
El resto del equipo docente son artesanos y artesanas que comparten el mismo espacio de trabajo y que rotan según la técnica que se esté impartiendo cada semana. No hay un aula fija ni un único profesor durante todo el trimestre.
Por qué un curso trimestral
Un formato pensado para el ritmo del cuero, no del calendario
Un curso intensivo de pocos días no permite entender por qué falla una costura o cómo reacciona cada tipo de piel al tinte. Por eso Harneli optó por un formato trimestral: tres meses en los que cada técnica se repite en distintas piezas, con tiempo entre sesiones para que el cuero, el pegamento y la tinta actúen como deben.
El curso se organiza en grupos que comienzan cada trimestre natural. Esto permite adaptar el contenido a las estaciones: por ejemplo, el trabajo con calzado de invierno y botas de caña alta suele concentrarse en los meses fríos, cuando llegan más piezas reales al taller para practicar sobre ellas.
El espacio compartido
Un taller que no se construyó solo para dar clase
Harneli funciona dentro de un taller compartido de oficios artesanos en Katxola Kalea. El mismo espacio se usa fuera de las sesiones de curso por otros artesanos de cuero y textil, lo que mantiene la maquinaria en uso constante y el ambiente más parecido a un taller real que a un aula.
Esta convivencia también significa que el alumnado convive con encargos reales que llegan al taller: botas que necesitan cremallera nueva, bolsos con asas descosidas o zapatos con la suela levantada. Parte de las prácticas se hacen directamente sobre este tipo de piezas, siempre bajo supervisión.